Una foto perdida de Rufino José Cuervo
El próximo 19 de septiembre se cumplirán cien años de la muerte del ilustre filólogo bogotano. Con esta fotografía inédita empezamos una serie de publicaciones para recordar su figura y su legado.
POR Mario Jursich Durán
© Cortesía librería Los libros de Juan
En 1844, año del nacimiento de Rufino José Cuervo, la fotografía apenas estaba despuntando en Colombia. Se sabe que Luis García Hevia presentó en la Exposición Industrial de 1841 unos daguerrotipos experimentales. Sin embargo, la imagen más antigua que se conserva es una perspectiva de la Calle del Observatorio hecha en Bogotá por el barón francés Jean-Baptiste Louis Gros un año más tarde. Para 1865, esos tímidos comienzos eran historia. No solo existían varios estudios fotográficos –el de John Armstrong Bennet fue el primero–, sino que hacerse retratos se había vuelto una moda entre la burguesía y la gente acomodada. Tal vez por eso sorprende que de Cuervo apenas conozcamos dos fotografías.
En la primera debe tener unos veinte años; se le ve sabio y circunspecto, ya con la atildada barba que lo acompañó el resto de su vida. Esa foto fue tomada hacia 1864 y tal vez el autor fue Demetrio Paredes, un colega de Luis García Hevia. La segunda es de 1876, pero no se conoce ningún original de la misma. En su correspondencia podemos leer que Cuervo le mandó una copia al arabista holandés Reinhart Dozy, y que el gesto –habitual en gente que tenía trato epistolar durante años, pero ignoraba el aspecto físico de sus corresponsales– le valió una reprimenda de Ezequiel Uricoechea, celoso porque su gran amigo no hubiera tenido con él la misma fina coquetería. Con seguridad es la imagen más conocida de Cuervo; no en vano figura como imagen oficial de su año y es el primer resultado que arrojan buscadores como Google.
A ese exiguo legado debemos añadir ahora esta tercera imagen.
En ella aparecen el general Domingo Hincapié (izquierda), su hijo Leopoldo (sentado) y Rufino José Cuervo (derecha). La foto fue tomada en Bogotá en 1877; no he podido establecer el móvil, más allá de que las dos familias eran muy amigas –Leopoldo vivió un tiempo en la casa de los Cuervo mientras estudiaba medicina– y de que los Hincapié tuvieron en Medellín la franquicia de la Cervecería Cuervo unos cuantos años.
Yo encontré la fotografía por puro azar, aunque tal vez se corresponda más con los hechos decir que la fotografía vino hasta mí. Estaba buscando las ediciones quinta y sexta de las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano cuando un amigo me contó que Juan Hincapié, el dueño de una excelente librería de viejo en Medellín, las tenía en su catálogo. Lo contacté, nos pusimos rápidamente de acuerdo en el precio de los libros y de pronto, en medio de una conversación sobre bueyes perdidos, me dijo:
—¿Sabés que yo tengo una foto de Cuervo con mi abuelo y bisabuelo?
Así, por ese azar afortunado, pude tener en mis manos la imagen que ahora están viendo los lectores. El original, impreso en cartón, es muy pequeño. Mide más o menos lo mismo que una carta de naipes y, pese al tiempo transcurrido, se conserva en relativo buen estado. A mí me intriga que sea la única foto en que podamos ver de frente el rostro de Cuervo. ¿Será que solo ahora, a cien años de su muerte, sabremos de verdad cómo era ese hombre?
ACERCA DEL AUTOR
Escritor. En 2014 publicó ¡Fuera zapato viejo!, un libro sobre la salsa en Bogotá.